lunes, 10 de noviembre de 2014

El colapso de los sueños


Un lugar cercano durante tantos años y solamente descubierto por mí al final de su vida útil. 2 años aproximadamente después de la captura de las imágenes la fábrica ha sido demolida y clausurada en su totalidad. Apenas podemos observar desde la carretera lo que fue su fachada.
Tapiada y violada observa el trafico incensante mientras el tiempo la deteriora.

Era un día lluvioso de Febrero. Las puertas estaban abiertas y aparentemente no había nadie observándonos. El momento idóneo para poder entrar en esta fábrica que durante tantos años había observado mientras pasaba con el coche.

Atravesamos la puerta trasera y nos colamos por un agujero del antiguo muelle de carga.
Las vistas eran impresionantes: una inmensa nave, desprovista de cualquier elemento que nos diera una pista de lo que allí se creaba. La lluvia de la última semana se había filtrado por toda la sala formando espejos que reflejaban la imagen del tejado formando una imagen totalmente onírica. Cielo y Tierra entremezclados y nosotros ahí en medio, dueños de un silencio que parecía de otro mundo.


Cada rincón del lugar emanaba quietud. Tan cerca de la civilización y a la vez tan lejos. Ni un ruido, ni un murmullo, tan sólo se escuchaban nuestros pasos y nuestro susurro al hablar.


Atravesamos toda la nave, y comenzamos a explorar el resto de estancias hasta llegar al edificio principal.
Por el camino nos fuimos encontrando con retales del pasado, restos abandonados a un deterioro impasible. Las últimas manos que los tocaron se habían despreocupado por su destino y ahora yacían dispersos, esperando a ser fotografiados por última vez. Rincones con historias de otro tiempo que ahora podía capturar con mis instantáneas. Nadie los echaba de menos, nadie se acordaba ya de ellos. Se colapsaron en un punto del pasado y como una fotografía de aquel entonces me mostraban sus últimas tareas, sus últimos deseos.


Subimos un par de pisos y nos encontramos algunas salas en penumbra. Por lo carteles que pudimos observar eran los almacenes de secado. Una única obertura iluminaba la estancia. El vacío era evidente, y conforme íbamos adentrándonos en las entrañas del edificio, la oscuridad iba conquistando nuestro alrededor. 

Llegar más allá de la 6ª planta era no solo complicado sino peligroso. No pude hacer fotografía por la poquísima luz que llegaba pero las escaleras de subida estaban tapiadas con muros de ladrillos y el ascensor principal se había quedado atascado eternamente 4 plantas por debajo de nosotros. Una pregunta siempre nos quedó en la memoria: ¿porque dejarían toda la fábrica abierta pero cerraron las dos últimas plantas?
Inexistente puerta de entrada al ascensor. 4º piso.
Ante la imposibilidad de llegar a las últimas plantas decidimos bajar hacía la zona de oficinas.
Un pequeño reducto con despachos nos indicaba que habíamos llegado. El lugar estaba totalmente desbaratado. Informes, fotografías, cuadros y material de oficina estaban dispersos por dentro y fuera de las oficinas. Invadían pasillos y plataformas antes reservadas para la producción. A nadie le interesaban ya. Su fin hacía años que había llegado.



La visita había llegado a su fin, habíamos explorado todos los rincones posibles, y los que no, permanecerán en el olvido de aquellos que un día trabajaron en ellos.

Una vez más, he podido observar con mis propios ojos el abandono industrial. Palpar y pasear por concurridos lugares de trabajo de otra época que colapsaron y cerraron sus puertas, y que pese al abandono humano, lucharon por mantenerse dignos a unos ojos ciegos, inexistentes.
 Puertas que nunca se volverán a abrir, oficinas que nunca volverán a recibir visitas y maquinaria que, enquistada, esperará el fin de sus días. Pero mientras tanto, mientras el ser humano siga imaginando y siga creando, seguirá siempre abandonando, y ahí espero poder estar yo, para plasmarlo y poder dar un último testimonio de lo que fue y de lo que jamás volverá a ser.






Galería de fotos:










2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Al leer y ver estas imágenes me da pena y nostalgia de tiempos pasados en los que yo pasaba en coche por la puerta con mis padres camino de Calicanto....cuanto todo rebosaba vida.....
    Tiempos que pasaron y ya no volverán. ..
    Saludos Pablo

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