Cierto es que este lugar no es uno de mis prioritarios, pero ante la imposibilidad de encontrar nada nuevo en tan poco tiempo, me he visto obligado a internarme por algunos de sus pasadizos.
Ya cuando el complejo estaba a pleno rendimiento parecía un lugar dejado y medio mugriento. Sus anticuadas instalaciones, la dificultad que suponía encontrar un aparcamiento decente y el caos interior que siempre era notable hacían de La Fe un lugar aburrido, tedioso y con un halo de frialdad hospitalaria tan típica de cualquier centro médico.
Externamente, los edificios están planificados en frías fachadas, lisas, con un acabado en ladrillo que le daban un aspecto neutro, sin ningún tipo de interés. Diferentes bloques hacían del complejo un lugar enorme, en el que los pasadizos y corredores internos hacían a su vez de arterias y venas por el que fluían las personas, tanto pacientes como personal interno, como si de autómatas con rumbo definido se trataran.
Entrando por la primera puerta, nos encontramos con un enorme bloque abandonado: Maternidad. Estaba claro que no podríamos entrar por la puerta principal, así que nos pusimos a dar la vuelta al edificio para intentar encontrar alguna entrada secundaria. Como era de esperar, la vigilancia del recinto era patente, tanto en algunas cámaras de seguridad como en los mismo guardas. Pese a ello, nadie nos cortó el paso, ni nos impidió acceder a los recovecos de la parte trasera, era como si estuvieran vigilando pero poco les importara nuestra presencia allí.
Metiéndonos por los dobles sótanos, nos dimos de frente con una puerta mugrienta, obviamente cerrada, que dio por terminado el intento de intrusión por la zona inferior.
No dándonos por vencidos, decidimos subir los 12 pisos por la escalera de incendios, y ver si había alguna opción de entrar al recinto.
Tras la última escalera y después de numerosos restos mortales de diversos pájaros nos vimos ante una pequeña puerta, aparentemente cerrada. Ante estos casos tan obvios, lo primero que se suele hacer es pensar que la puerta estará cerrada y que deberíamos buscar otros medios para entrar.... MAL! siempre hay que hacer lo más simple: girar el pomo.
a 12 pisos de altura y milagrosa y misteriosamente, esta puerta estaba completamente abierta. Lo primero que percibimos fueron dos cosas: la oscuridad que engullía el pasillo, plagado de camas y goteros y un pequeño zumbido que nos dio a entender que una posible alarma estaba sonando en alguna garita, con algún guardia perezoso viendo parpadear un botón rojo.
Las prisas y la posible actuación de la seguridad del recinto nos hizo desistir de internarnos en el edificio. Bajamos los 12 pisos, descubriendo que nadie nos estaba esperando. No solamente a la bajada de las escaleras, sino que no hubo nadie en todo el bloque ni alrededores que nos cortara el paso o nos dijera nada.
Decidimos seguir investigando los sótanos y la recepción de mercancías, encontrándonos con algunos objetos que nos desentonaban con el lugar.
Durante el recorrido al salir del bloque de Maternidad nos encontramos con algunas salas merecedoras de su inclusión en alguna película post-apocalíptica. Camas, sillas, papeleras y material médico yacían por los suelos, dejados de cualquier forma o amontonados bajo varias capas de polvo.
Algo que en un pasado pagamos todos y que ahora se mantenga en este estado de abandono, con un montón de utensilios que podrían ser de uso hoy en día, pero que, cerrado al público, prefieren atesorarlo bajo kilos de polvo y mierda. Una decisión perfecta, si señor.
La visita no duró mucho más, puesto que uno de los guardas acabó por presentarse educadamente e invitarnos a no realizar más fotografías. Educadamente también por nuestra parte le dijimos que un lugar así no era justo que estuviera en ese estado de abandono, sobretodo teniendo en cuenta que parte del complejo sigue en uso y sino un acondicionamiento del lugar, al menos una venta o donación de sus elementos tanto de oficina como médicos que se encuentran abandonados en su interior.
Obviamente el pobre guarda no tenía ni voz ni voto y tan sólo se dedicó a hacer lo que le tocaba, es decir, mandarnos fuera del lugar.
Triste incursión a un triste lugar. Ojalá su situación cambie y no lo veamos acabar en estado ruinoso y con miles de euros echados a perder en su interior.
GALERÍA DE FOTOS:
| del vell oblideu-se |
| Vistas desde lo alto. |
| Pasillo desvencijado. |