lunes, 24 de noviembre de 2014

En coma

Un enorme mastodonte de hormigón se levantaba frente a mi. Durante décadas había estado al servicio del ciudadano, aunque fuera tras más de 4 horas de espera. Hoy día, permanece en coma inducido a la espera de una recuperación que nunca llega o a la próxima demolición de un futuro no tan lejano.
Cierto es que este lugar no es uno de mis prioritarios, pero ante la imposibilidad de encontrar nada nuevo en tan poco tiempo, me he visto obligado a internarme por algunos de sus pasadizos.
Ya cuando el complejo estaba a pleno rendimiento parecía un lugar dejado y medio mugriento. Sus anticuadas instalaciones, la dificultad que suponía encontrar un aparcamiento decente y el caos interior que siempre era notable hacían de La Fe un lugar aburrido, tedioso y con un halo de frialdad hospitalaria tan típica de cualquier centro médico.
Externamente, los edificios están planificados en frías fachadas, lisas, con un acabado en ladrillo que le daban un aspecto neutro, sin ningún tipo de interés. Diferentes bloques hacían del complejo un lugar enorme, en el que los pasadizos y corredores internos hacían a su vez de arterias y venas por el que fluían las personas, tanto pacientes como personal interno, como si de autómatas con rumbo definido se trataran.
Entrando por la primera puerta, nos encontramos con un enorme bloque abandonado: Maternidad. Estaba claro que no podríamos entrar por la puerta principal, así que nos pusimos a dar la vuelta al edificio para intentar encontrar alguna entrada secundaria. Como era de esperar, la vigilancia del recinto era patente, tanto en algunas cámaras de seguridad como en los mismo guardas. Pese a ello, nadie nos cortó el paso, ni nos impidió acceder a los recovecos de la parte trasera, era como si estuvieran vigilando pero poco les importara nuestra presencia allí.
Metiéndonos por los dobles sótanos, nos dimos de frente con una puerta mugrienta, obviamente cerrada, que dio por terminado el intento de intrusión por la zona inferior.

No dándonos por vencidos, decidimos subir los 12 pisos por la escalera de incendios, y ver si había alguna opción de entrar al recinto.
Tras la última escalera y después de numerosos restos mortales de diversos pájaros nos vimos ante una pequeña puerta, aparentemente cerrada. Ante estos casos tan obvios, lo primero que se suele hacer es pensar que la puerta estará cerrada y que deberíamos buscar otros medios para entrar.... MAL! siempre hay que hacer lo más simple: girar el pomo.
a 12 pisos de altura y milagrosa y misteriosamente, esta puerta estaba completamente abierta. Lo primero que percibimos fueron dos cosas: la oscuridad que engullía el pasillo, plagado de camas y goteros y un pequeño zumbido que nos dio a entender que una posible alarma estaba sonando en alguna garita, con algún guardia perezoso viendo parpadear un botón rojo.
Las prisas y la posible actuación de la seguridad del recinto nos hizo desistir de internarnos en el edificio. Bajamos los 12 pisos, descubriendo que nadie nos estaba esperando. No solamente a la bajada de las escaleras, sino que no hubo nadie en todo el bloque ni alrededores que nos cortara el paso o nos dijera nada.
Decidimos seguir investigando los sótanos y la recepción de mercancías, encontrándonos con algunos objetos que nos desentonaban con el lugar.


Durante el recorrido al salir del bloque de Maternidad nos encontramos con algunas salas merecedoras de su inclusión en alguna película post-apocalíptica. Camas, sillas, papeleras y material médico yacían por los suelos, dejados de cualquier forma o amontonados bajo varias capas de polvo.



Algo que en un pasado pagamos todos y que ahora se mantenga en este estado de abandono, con un montón de utensilios que podrían ser de uso hoy en día, pero que, cerrado al público, prefieren atesorarlo bajo kilos de polvo y mierda. Una decisión perfecta, si señor.

La visita no duró mucho más, puesto que uno de los guardas acabó por presentarse educadamente e invitarnos a no realizar más fotografías. Educadamente también por nuestra parte le dijimos que un lugar así no era justo que estuviera en ese estado de abandono, sobretodo teniendo en cuenta que parte del complejo sigue en uso y sino un acondicionamiento del lugar, al menos una venta o donación de sus elementos tanto de oficina como médicos que se encuentran abandonados en su interior.
Obviamente el pobre guarda no tenía ni voz ni voto y tan sólo se dedicó a hacer lo que le tocaba, es decir, mandarnos fuera del lugar.

Triste incursión a un triste lugar. Ojalá su situación cambie y no lo veamos acabar en estado ruinoso y con miles de euros echados a perder en su interior.

GALERÍA DE FOTOS:



del vell oblideu-se




Vistas desde lo alto.





Pasillo desvencijado.


lunes, 10 de noviembre de 2014

El colapso de los sueños


Un lugar cercano durante tantos años y solamente descubierto por mí al final de su vida útil. 2 años aproximadamente después de la captura de las imágenes la fábrica ha sido demolida y clausurada en su totalidad. Apenas podemos observar desde la carretera lo que fue su fachada.
Tapiada y violada observa el trafico incensante mientras el tiempo la deteriora.

Era un día lluvioso de Febrero. Las puertas estaban abiertas y aparentemente no había nadie observándonos. El momento idóneo para poder entrar en esta fábrica que durante tantos años había observado mientras pasaba con el coche.

Atravesamos la puerta trasera y nos colamos por un agujero del antiguo muelle de carga.
Las vistas eran impresionantes: una inmensa nave, desprovista de cualquier elemento que nos diera una pista de lo que allí se creaba. La lluvia de la última semana se había filtrado por toda la sala formando espejos que reflejaban la imagen del tejado formando una imagen totalmente onírica. Cielo y Tierra entremezclados y nosotros ahí en medio, dueños de un silencio que parecía de otro mundo.


Cada rincón del lugar emanaba quietud. Tan cerca de la civilización y a la vez tan lejos. Ni un ruido, ni un murmullo, tan sólo se escuchaban nuestros pasos y nuestro susurro al hablar.


Atravesamos toda la nave, y comenzamos a explorar el resto de estancias hasta llegar al edificio principal.
Por el camino nos fuimos encontrando con retales del pasado, restos abandonados a un deterioro impasible. Las últimas manos que los tocaron se habían despreocupado por su destino y ahora yacían dispersos, esperando a ser fotografiados por última vez. Rincones con historias de otro tiempo que ahora podía capturar con mis instantáneas. Nadie los echaba de menos, nadie se acordaba ya de ellos. Se colapsaron en un punto del pasado y como una fotografía de aquel entonces me mostraban sus últimas tareas, sus últimos deseos.


Subimos un par de pisos y nos encontramos algunas salas en penumbra. Por lo carteles que pudimos observar eran los almacenes de secado. Una única obertura iluminaba la estancia. El vacío era evidente, y conforme íbamos adentrándonos en las entrañas del edificio, la oscuridad iba conquistando nuestro alrededor. 

Llegar más allá de la 6ª planta era no solo complicado sino peligroso. No pude hacer fotografía por la poquísima luz que llegaba pero las escaleras de subida estaban tapiadas con muros de ladrillos y el ascensor principal se había quedado atascado eternamente 4 plantas por debajo de nosotros. Una pregunta siempre nos quedó en la memoria: ¿porque dejarían toda la fábrica abierta pero cerraron las dos últimas plantas?
Inexistente puerta de entrada al ascensor. 4º piso.
Ante la imposibilidad de llegar a las últimas plantas decidimos bajar hacía la zona de oficinas.
Un pequeño reducto con despachos nos indicaba que habíamos llegado. El lugar estaba totalmente desbaratado. Informes, fotografías, cuadros y material de oficina estaban dispersos por dentro y fuera de las oficinas. Invadían pasillos y plataformas antes reservadas para la producción. A nadie le interesaban ya. Su fin hacía años que había llegado.



La visita había llegado a su fin, habíamos explorado todos los rincones posibles, y los que no, permanecerán en el olvido de aquellos que un día trabajaron en ellos.

Una vez más, he podido observar con mis propios ojos el abandono industrial. Palpar y pasear por concurridos lugares de trabajo de otra época que colapsaron y cerraron sus puertas, y que pese al abandono humano, lucharon por mantenerse dignos a unos ojos ciegos, inexistentes.
 Puertas que nunca se volverán a abrir, oficinas que nunca volverán a recibir visitas y maquinaria que, enquistada, esperará el fin de sus días. Pero mientras tanto, mientras el ser humano siga imaginando y siga creando, seguirá siempre abandonando, y ahí espero poder estar yo, para plasmarlo y poder dar un último testimonio de lo que fue y de lo que jamás volverá a ser.






Galería de fotos:










jueves, 6 de noviembre de 2014

Sueños abandonados


Bienvenidos a Dreamland !!

Inauguro el nuevo blog con un lugar contundente, de esos que dejan huella: Nara Dreamland.
Pongamonos en situación, Dreamland fue un parque temático inaugurado en 1961 en la localidad japonesa de Nara. El parque cerró sus puertas a finales de 2006. La inutil disputa por el poder que quiso tener con Disneyland Tokyo, hizo que este parque sucumbiera al abandono.
La mentalidad nipona es muy respetuosa y esta gente es muy de "si no es mio ni lo cojo ni lo toco". Esto ha venido muy bien a la hora de entrar en el recinto, puesto que la seguridad es bajísima (apenas unas tablas de madera en los túneles de acceso) y las patrullas de vigilancia son inexistentes.
Este pedazo de resort abandonado se encuentra a menos de 15 minutos del centro de la ciudad de Nara, y al lado mismo del estadio de baseball.
Ya al entrar por lo que fue su parking te invade una sensación extraña, mezcla entre ansiedad y acojone. Ansiedad por verlo todo y por querer fotografiarlo todo y acojone porque estás en un país que no es el tuyo, a miles de kilometros de casa y porque no tienes ni idea de lo que te puedes encontrar dentro.
Ya os adelanto que ambas sensaciones fueron incrementándose hasta el punto de volver al hotel esa misma noche y no saber que había sucedido.
Ya de primeras, antes de entrar al recinto, observamos como, frente a nosotros, se alzaban dos grandes edificaciones, una, el hotel del parque, y la otra el parking elevado. Ambas apartadas de la entrada principal, y a las que no pudimos entrar por motivos de tiempo (ya era por la tarde y a las 17:30 ya se hacia de noche).
Llegamos a las taquillas, y nos dirigimos a los túneles de entrada al parque. Eran dos grandes bocas a izquierda y derecha y ambas estaban tapiadas por tablones de madera. En los mismos y en las taquillas venía un texto en japonés que venía a decirnos que la propiedad estaba cerrada y que estaba prohibido entrar en ella. (típico).
Mi primera foto a través de uno de los tablones fue la siguiente:
Con lo que ya le dije a Lucía que SI o SI teníamos que pasar a la otra parte e investigar todo lo que pudieramos y más!
La reacción de nuestro amigo japonés fue muy nipona y decidió no entrar y quedarse esperándonos fuera (pero fuera del todo! se fue casi a Nara! xD).
Lucía y yo entramos y estuvimos fotografiando yo y ella grabándolo con la camara de video.
El lugar daba mucho yuyu. Pese al sol que hacía, la atmósfera no era nada acogedora: todo el lugar estaba empezando a ser devorado por la maleza, y los cuervos se habían adueñado de las alturas. Desde las montañas rusas nos vigilaban y no paraban de sobrevolarnos, vigilandonos y avisando de que habiamos entrado.
Pasando la rotonda de la entrada, lo primero que divisamos y nos quedamos helados al verlo, fue el departamento de bomberos del parque (el parque estaba diseñado al estilo de una pequeña ciudad con sus calles y sus tiendas, y estaban incluidos su comisaria, su cuerpo de bomberos, etc) en el cual, y para mayor sorpresa todavía nos encontramos con un camión de bomberos a escala, y al lado lo más alucinante: un cadillac rosa en casi perfecto estado de conservación: tenía el motos, los neumáticos y hasta los tapacubos!.
Seguimos la visita hacia el centro del parque, no sin antes pasar por las tiendas de souvenirs, los restaurantes y las tiendas recreativas.


Llegamos al fin al centro del parque, donde está la fuente principal, y estas son las vistas que teniamos tanto de las montañas rusas como de la montaña del teleférico.


Los nervios que teníamos, nuestro colega que nos llevaba mas de 40 minutos esperando y los ruidos extraños que oímos (o creímos oir) hicieron que no pudiesemos adentrarnos en las montañas rusas ni en el resto de atraccciones tales como el pasaje del terror, la jungla, el parque acuático, el embarcadero o el mismo pseudo castillo disney. Mediante otras webs es posible que observeis mejores fotos, de más lugares, pero para mi ninguna de ellas me sabrían tan bien como haber pisado por mi mismo el parque.
Detalle de alguna de las famosas maquinas infantiles a los pies de la montaña rusa:
Siento no poder mostraros la típica imagen del looping siendo devorado por la maleza, pero fisicamente no tuve tiempo. Espero poder investigar todo el parque como se merece la próxima vez que vaya y sobretodo espero que el proyecto que tenían de urbanizar la zona siga tan parado como hasta el día de hoy.
A coninuación subiré algunas fotos más, para que podais haceros una idea de la magnitud del lugar.